Tras 20 años de ambición, excesos y polémica, DAU, de Ilya Khrzhanovsky, ha tenido por fin su estreno oficial en la competición de Venecia. La película de 195 minutos, sobre el físico Lev Landau, ganador del Nobel, llega como una obra cinematográfica imponente con una sombra inseparable: la enorme escala del proyecto, las controversias éticas denunciadas y la reacción adversa relacionada con Ucrania.
La crítica de The Hollywood Reporter califica la película terminada de «logro artístico considerable» y elogia tanto su intimidad como su alcance monumental. No es un juicio menor para una producción que comenzó en 2006, tuvo inicialmente un presupuesto de $3.5 millones y acabó costando aproximadamente diez veces más.
La película es solo una parte de una empresa célebremente descomunal: 14 largometrajes previstos y seis series de televisión a partir de 700 horas de material rodado en 35 mm, filmado en gran medida en Ucrania con cientos de actores y miles de extras. Venecia vuelve visible DAU, la película independiente. No borra su historia.
Evaluación del impacto
Para el público de Venecia, el beneficio inmediato es acceder a una verdadera película-evento: tres horas y 15 minutos, incluido un intermedio de 15 minutos. Para Khrzhanovsky y su equipo, la selección a concurso ofrece al proyecto su plataforma de mayor perfil hasta la fecha, tras proyecciones anteriores en la Berlinale de 2020.
El cálculo más difícil recae en programadores, distribuidores y salas independientes. Un título de 195 minutos ocupa una porción amplia de la programación diaria; la polémica ocupa otro tipo de espacio, en el debate público y en la disposición de las instituciones. Análisis: esa combinación hace que sea más probable que DAU se programe como una ocasión deliberada, con una sola función, que como repertorio habitual. El prestigio de la película puede atraer al público aventurero del cine de autor, pero su contexto controvertido podría reducir el número de salas dispuestas a asumir esa apuesta.
Escenarios
Nuestra previsión (especulación fundamentada):
El más probable: Si tras Venecia llegan más reservas en festivales y estrenos limitados, DAU se convertirá en un acontecimiento internacional especializado de cine de autor durante los próximos seis a 12 meses. Su escala y el interés de la crítica dan a los programadores motivos para reservar franjas amplias, mientras que su duración y la polémica la mantienen fuera de un circuito amplio de multicines. Fechas de festivales anunciadas, distribuidores identificados y carteleras que mantengan la versión completa de 195 minutos respaldarían esa vía; el silencio tras Venecia la debilitaría.
Al alza: Si críticos y exhibidores consiguen presentar la duración como parte del atractivo, las salas especializadas podrían convertir DAU en una cita programada, con su intermedio y una única reserva prolongada. Eso ampliaría el acceso más allá de los asistentes habituales a festivales y daría a los distribuidores motivos para respaldar proyecciones especiales en varios mercados. Más selecciones internacionales y fechas teatrales concebidas como eventos serían las señales más claras.
A la baja: Si la reacción adversa relacionada con Ucrania y las controversias denunciadas sobre la producción se traducen en decisiones de las salas, DAU podría tener un circuito de exhibición mucho más reducido pese a su estreno en Venecia. En ese caso, los cines evitarían el riesgo reputacional y la carga de programación, dejando a la película terminada con menos proyecciones públicas de las que su larga gestación hace prever. Cancelaciones, retiradas o negativas públicas a programarla apuntarían en esa dirección.
Qué observar a continuación
Las próximas señales significativas serán prácticas: nuevas selecciones en festivales, un distribuidor o una fecha de estreno, y si las carteleras mantienen el corte de 195 minutos y el intermedio que se han comunicado. Igual de importante será comprobar si los exhibidores vinculan públicamente sus decisiones de programación con la reacción adversa que rodea a esta coproducción rusa, alemana, francesa y sueca.
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